Al pie de los Andes, irrigados por las aguas puras de deshielo crecen los viñedos que dan origen a nuestros vinos. La particular sinergia aportada por la intensidad del sol, el clima seco, y la altura, otorgan a Rama Caída las condiciones ideales para el desarollo de las uvas. Los suelos poco profundos y arenosos dan a los vinos color impetuoso, mejores ácidos y extractos varietales más complejos.

Así vemos en geométrica disposición los espalderos de tres y cuatro alambres, con orientación de Norte a Sur, para asegurar una mejor insolación y una sistematización del riego, a favor de la mínima pendiente. A propósito del riego podemos decir que es de tipo superficial, por medio de surcos, que se nutren de las acequias, agentes conductores a partir de la canalización de los ríos, que acopian el vital elemento del deshielo en las altas cumbres cordilleranas.

La poda, otro de los eslabones fundamentales en la exigente cadena del laboreo, es realizada criteriosamente en función del vigor y capacidad de las plantas y en un todo de acuerdo con las características de cada variedad. Los sistemas usados son el Guyot doble y el Americano.

Cuatro araduras al año, estercoladuras, abonos verdes y tratamientos fitosanitarios adecuados, completan la gama de actividades agrícolas anuales, que para SIMONASSI, constituyen el centro de atención y dedicación a fin de mantener y mejorar la calidad de los frutos. A estos frutos, provenientes todos de seleccionadas variedades tales como Malbec, Merlot, Cabernet Sauvignon, Barbera, Pedro Giménez, Chenin, Riesling y Chardonnay les cabe un solo futuro: vinos finos.


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